Tras más de 18 años desde su constitución, el Consejo Superior de Enseñanzas Artísticas (CSEA) ha sido finalmente renovado, cumpliendo así el mandato de la Ley 1/2024 (LEA). Este cambio de ciclo se escenificó el pasado 10 de diciembre de 2025 con la celebración del duodécimo pleno de su historia; una sesión que materializa algunos de los cambios estructurales que se llevan gestando desde la redacción de la nueva ley.
La creación de un departamento propio en el Ministerio o el lanzamiento de una web específica que engloba todas las artes e incluye diferentes herramientas para acercar a la ciudadanía la actividad del CSEA son el preludio de lo que aún está por llegar con el desarrollo reglamentario de la LEA. Pero permítanme dudar: ¿estamos ante un verdadero punto de inflexión o frente a una renovación estética que hereda los vicios del pasado? Debemos exigir un Consejo que ejerza su función con rigor, rompiendo por fin con la tradición de inacción y opacidad.
La herencia de la inoperancia
Para entender la magnitud del reto, hay que recordar el punto de partida. El CSEA, máximo órgano consultivo del Estado, ha operado durante casi dos décadas sin Reglamento de Funcionamiento. Esta anomalía desembocó en que, en su VI Pleno, celebrado el 25 de abril de 2013, se delegaran prácticamente todas las funciones en una Comisión Permanente que pasó a operar «en servicios mínimos» durante más de nueve años.
La reactivación del CSEA en 2022 no nació de una voluntad propia de regeneración, sino de la obligación impuesta por la LOMLOE para tramitar la nueva ley. Es en este contexto donde la inoperancia institucional resulta más evidente: la Ley de Enseñanzas Artísticas se gestó sin el preceptivo informe favorable del Pleno, un requisito indispensable según la normativa vigente entonces y según los acuerdos reflejados en las actas del CSEA. Lejos de enmendar el problema, el proceso culminó en marzo de 2023 con una consulta meramente formal en el marco del IX Pleno.
¿El fin justifica los medios?
Si bien es cierto que hubo interlocución con muchos de los actores del sector y el texto se debatió ampliamente, las actas disponibles del CSEA dejan una impresión incómoda: el Consejo se activó cuando la norma exigía “pasar por él”, no como un espacio real de deliberación donde la comunidad educativa, las administraciones y el sector cultural pudieran debatir, contrastar y adoptar acuerdos basados en criterios claros y evaluables.
La pregunta es inevitable: ¿vamos a repetir el mismo patrón en la etapa del desarrollo reglamentario?
El nuevo CSEA
Pese a las merecidas críticas a la etapa anterior, es justo reconocer que hoy se perciben grandes avances y un compromiso por parte de las autoridades competentes. Entramos en una etapa en la que empiezan a materializarse algunos de los cambios estructurales necesarios, tanto en la organización del Consejo como en la del propio Ministerio de Educación. Cambios que deberían permitir, por fin, tener un CSEA más conectado con la comunidad educativa, más participativo, operativo y, por encima de todo, más transparente.
La entrada de la Federación Nacional de Estudiantes de Música en el CSEA
La Orden EFD/1315/2025, publicada el pasado viernes 21 de noviembre en el BOE, recoge el nombramiento de dos consejeras representantes de las asociaciones más representativas del alumnado.
Una de ellas es Rosa María Pérez Olvera, la primera representante en la historia del CSEA procedente de una organización formada exclusivamente por alumnado de Enseñanzas Artísticas Superiores: la Federación Nacional de Estudiantes de Música (FNESMUSICA), que agrupa a la mayoría de los conservatorios superiores de España.
Junto a ella, Natalia Pardo Marín representa a la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE). Precisamente, a través de este organismo, Isabel González Delgado (primera presidenta de FNESMUSICA) ya ejerció una labor pionera al llevar la voz del estudiantado musical a las reuniones de la Comisión Permanente del CSEA (números XXII, XXIII y XXIV) entre 2017 y 2018.
Ahora, con la incorporación directa de FNESMUSICA, se consolida la presencia específica de los estudiantes de enseñanzas artísticas musicales en el Consejo.
La importancia de esta participación, a la que deberían sumarse el resto de ramas artísticas, nace desde el momento de la propia concepción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). La Conferencia Ministerial de Praga (2001) calificó a los estudiantes como «socios activos» del proceso de construcción del EEES. Desde entonces, la consolidación del espacio europeo ha integrado esta participación a todos los niveles, un modelo que ahora debemos asegurar en el ámbito de las enseñanzas artísticas a nivel estatal.
El asiento de FNESMUSICA en el CSEA debe ser el punto de partida para construir una participación estudiantil real en todas las disciplinas artísticas. El desarrollo reglamentario de la LEA necesita de la voz del estudiantado, especialmente ante el reto que culminará en 2027 con la redacción del Estatuto Básico del Estudiante de Enseñanzas Artísticas Superiores. Sin su implicación directa, dicho estatuto nacerá incompleto.
El éxito de este «nuevo CSEA» no se medirá por la solemnidad de sus plenos ni por la estética del nuevo portal web, sino por su capacidad efectiva para mejorar la vida de los centros y del alumnado. El desarrollo reglamentario, donde se aprobarán normas tan relevantes como los reales decretos que regularán las enseñanzas de grado y máster, los nuevos cuerpos docentes o el Estatuto Básico del Estudiante, serán la prueba de fuego.
Hemos tardado casi dos décadas en llegar a este punto de partida. Ahora que el motor ha arrancado, la comunidad educativa no puede limitarse a observar. Si el CSEA vuelve a funcionar al servicio de la norma, en lugar de ser el espacio del que emanan las necesidades que esa norma debe recoger, habremos fracasado de nuevo. Esta vez no por falta de marco legal, sino por falta de compromiso colectivo.



















